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Cómo renovar una pasión ardiente por Cristo PDF Print E-mail
La satisfacción genuina la encontramos en intimidad con Dios. Frente al alejamiento en nombre de la madurez espiritual, nuestra prioridad diaria y meta más alta deben ser conocer al Señor y caminar con Él.

Nada es más importante que tu relación con el Señor, ni siquiera predicar, pastorear o ministrar. Nada. El pecado, en su misma esencia, es un asalto a esa relación. Su meta es robar la única cosa sin la cual no puedes vivir: la comunión íntima con Dios. El pecado busca separarte de tu Salvador. ¡No dejes que tenga éxito! Puedes perder a tus amigos y aún ser bendecido. Puedes perder tus posesiones y aún ser rico. Aún puedes perder tu salud y continuar siendo fructífero. Pero si pierdes tu relación con Jesús, si comprometes esa comunión con Él, entonces todos los amigos, las posesiones, la fuerza física, no podrán comprarte un momento de gozo o verdadera satisfacción.

¿Qué hacemos entonces? ¿Cómo deberíamos vivir? ¿Cuál debería ser nuestra meta más alta, nuestra prioridad en la vida? La respuesta es simple: debemos perseguir la intimidad con el Señor. Conocerlo y caminar con Él debería ser nuestra meta más alta, nuestra prioridad número uno. Todo ministerio o actividad espiritual no puede subsistir sin una sólida relación con Dios. De hecho, el ministrar y el servicio son simplemente logros que pueden mostrar al hombre su religiosidad, si no surgen de un íntimo caminar con Dios. Como dijo Vance Havner: "La cualidad básica para un misionero no es el amor por las almas, como escuchamos con frecuencia, sino el amor por Cristo". Todo lo que hacemos, orar, estudiar, ganar almas, hacer discípulos, adorar, predicar, enseñar, criar a los hijos, servir, dar, debe fluir desde nuestro amor por Dios. Él es la Fuente. Él es la Motivación. Él es el Fundamento. Consideremos la reprensión del Señor a Éfeso, en Apocalipsis 2. Había allí una congregación excelente, una iglesia que trabajaba duro, un grupo de creyentes que detestaba las doctrinas falsas, una asamblea que perseveraba. De muchas formas era una iglesia modelo, rica en buenas obras, atenta a las advertencias de Pablo, su padre espiritual (Hechos 20:28-31; Apocalipsis 2:2), y deseosa de permanecer en las pruebas por amor a Jesús. ¿Qué más podía querer el Señor? Los creyentes de Éfeso ciertamente nos superaban a la mayoría de nosotros. Sin embargo, Jesús les dijo: "Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor. Recuerda por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido" (Apocalipsis 2:4-5). ¡Qué solemne advertencia! No era suficiente trabajar duro. El sacrificio no era suficiente. La pureza doctrinal no era suficiente. El cuidado pastoral especial no era suficiente. La perseverancia en medio de los sufrimientos no era suficiente. Esta congregación había dejado su primer amor, y si no se arrepentía (observe que este es un llamado corporativo) el Señor la sacaría de su lugar. ¡No existiría más una iglesia en Éfeso! ¿Ve cuán importante es a los ojos del Señor que mantengamos nuestro primer amor?

Debemos grabar en nuestros corazones de una vez y para siempre que cualquier cosa que hagamos con fin eternal debe nacer en Dios y cualquier cosa verdaderamente buena dentro de nosotros nace en Él. Así que, ¿por qué gastamos tanto de nuestro tiempo en elaborar, planificar y correr en nuestra propia fuerza y sabiduría? ¿Por qué no tenemos más comunión en oración y pasamos más tiempo a sus pies en adoración y tomamos su consejo a través de la Palabra? ¿Por qué? Trágicamente, podemos tener todos los atavíos del celo y el servicio cristiano sin tener una relación vibrante con el Señor. Nuestro mismo celo por la verdad y pureza junto con nuestro apego al trabajo duro y el sacrificio, puede robarnos nuestro amor a Dios y al hombre. Finney comentó sobre esto, que aún con un corazón apartado el creyente puede mantenerse activo en el servicio cristiano. Para Finney, apartarse consistía en tres factores:
(1) "Retirar esa consagración a Dios y su servicio, que constituye nuestra conversión verdadera".
(2) "Abandonar el primer amor" y
(3) "Apartarse del estado de devoción completa y universal a Dios, que constituye la verdadera religión, y ponerse nuevamente bajo el control de un espíritu de autocomplacencia". No hay duda de que el más grande egoísmo con frecuencia toma el tipo religioso, y existen muchas consideraciones que pueden llevar a un corazón apartado a mantener las apariencias mientras pierde el poder de la piedad en su alma.

Permítame describirle algunos de los síntomas de un corazón apartado, algún tipo de autoexamen que usted puede hacer. Aquí están mis preguntas:

1. ¿Ha decrecido su devoción personal por Jesús? Tal vez su deseo de pasar tiempo a solas con el Señor se ha desvanecido, y tal vez la oración y la adoración, y el hambre sin fin y pasión por la Palabra ahora le están faltando. De acuerdo con John G. Lake, todo aquel que se aparta, primero disminuye su hambre por la Palabra, mientras que Leonard Ravenhil con frecuencia dice que comienza con apartarse de la oración. ¡Recuerde cuando Jesús era todo! Apenas podía esperar para pasar tiempo con Él, alabándolo. Si había una reunión de oración, usted estaba allí. Devoraba la Palabra. Podía identificarse con las palabras de Pablo: "Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo" (Filipenses 3:8). Pero algo sucedió. Algo ha cambiado. ¿Ama usted a Jesús hoy como lo amaba antes?

2. Su satisfacción personal en Dios ¿ha disminuido? ¿Siente la necesidad de otras cosas aparte de Dios para sentirse completo? ¿Busca orientación social con mayor intensidad? ¿Siente que más y más desea el reconocimiento y la aceptación de las personas? La Palabra dice: "Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa" (Marcos 3:19). "Si alguien ama al mundo, el amor del Padre no está en él" (1 Juan 2:15). ¿Qué desea usted? ¿Qué le trae satisfacción? ¿Ama a Dios o ama al mundo? (Hebreos 10:32-39). En un tiempo la promoción en su trabajo no era la fuente principal de satisfacción, ni tampoco los cheques de pago grandes, ni un lindo hogar, un coche nuevo, un novio o novia especial, eventos deportivos o aun una familia feliz. Caminar con Dios lo satisfacía. ¿Todavía lo satisface? ¿Completa y totalmente?

3. ¿Ha decrecido su pasión por el trabajo espiritual? Esto se reflejará en una disminución de su carga por los perdidos. Una carga menor por el avivamiento y la visitación (con frecuencia reemplazados por las buenas obras, y más sutilmente por buenos programas espirituales); y una afición por la respetabilidad en lugar del cambio de vida. Predicar el evangelio "sin refinar" lo pone en aprietos ahora. El celo santo lo pone incómodo y comienza a sentir vergüenza de Jesús y sus enseñanzas. ¿Con qué frecuencia comparte su testimonio? ¡Usted solía ser una casa incendiada! Hubo una vez que buscó oportunidades para hablar de Jesús. Testificar sucedía naturalmente. Pero ahora, casi evita el tema. Simplemente no se preocupa por aquellos por los cuales Jesús murió. ¿Se encuentra espiritualmente insensible? ¿Y qué del avivamiento y la visitación? ¿Cómo se sentiría si el Espíritu cayera con poder, no necesariamente en alguna forma culturalmente aceptable o posible de contener, sino con intensidad y de manera súbita, como un cataclismo? ¿Está deseoso de dejarlo tener el control del servicio, del liderazgo o de usted?

4. ¿Sus estándares de santidad han decrecido? Tal vez ha permitido cosas en su vida, familia o congregación que hubieran sido impensables cuando estaba en el primer amor. Ahora es posible que participe de actividades, mire algunas películas o programas de televisión, disfrute de ciertos deportes y formas de entretenimiento que antes no lo hacía. ¡Cuidado con este tipo de alejamiento en nombre de la madurez espiritual! ¿Puede pecar libremente sin sentir aflicción? ¿Se ha engañado a usted mismo dándose licencia para pecar en el nombre de la "libertad"? ¿Ha despreciado la preciosa cercanía que una vez disfrutó con Jesús llamándola "legalismo"? Regrese a su presencia con toda la disciplina y devoción que demanda mientras sus brazos todavía están completamente abiertos. Donde se encuentra abundante arrepentimiento piadoso, también se encuentra abundante gracia.

5. ¿Está decayendo su autoridad espiritual y su victoria personal? Tal vez está experimentando una falta de victoria sobre la carne, y cae en viejos hábitos y lujuria, y es incapaz de resistir al diablo o ayudar a aquellos a quienes usted ministra. Recuerde: puede engañar a otros, pero no puede engañar a la carne, no puede engañar al diablo. Como Ravenhill preguntaba con frecuencia: "¿Lo conocen en el infierno?" ¿Va usted de victoria en victoria, o se encuentra cada día más y más enmarañado (o cada año, cada mes)? Pedro enseñó que "el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció" (2 Pedro 2:19). Debe preguntarse si Jesús es su Amo, o si el pecado es quien lo manda. ¿Usted es un vencedor o un vencido? ¿Jesús es su Señor, o usted es controlado por su estómago, su lujuria sexual, su temperamento, avaricia o amargura? ¿Quién o qué lo gobierna? Hubo un tiempo que usted perseguía al diablo, ahora usted tiembla ante su sombra. Una vez echaba al temor como un perro se sacude el agua; ahora está paralizado por la ansiedad y el pánico. En un tiempo perdonaba desde su corazón instantáneamente; ahora se aferra al rencor. ¡Mi amigo, usted se ha apartado!

Nunca olvidaré las palabras que habló una noche el pastor de la iglesia donde fui salvo. Dijo: "Puede llevarle a un hombre veinte años apartarse", refiriéndose a una completa apostasía del Señor. Este es un pensamiento sensato. Uno envejece gradualmente. Su cabello se vuelve gris gradualmente. Puede también apartarse gradualmente. Antes que pueda darse cuenta, ha gastado su vida completa. ¿Hacia dónde se dirige? ¿Adónde lo está llevando el presente modelo de vida? Si continúa para siempre en el mismo camino que ha estado, sea de progreso o involución, ¿terminará en el cielo o en el infierno? ¿Se está moviendo en dirección al Señor o alejándose de Él? Le animo a través de la Palabra: "Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón" (Salmo 95:8; Hebreos 4:7). Responda al Señor ahora. Derrame su corazón a Él. Ore. Permita que el Espíritu Santo se mueva libremente. ¡No se avergüence! Él puede (y lo hará) restaurarlo completamente. Obedezca cualquier cosa que Él le diga. Establezca un nuevo modelo para su vida, comience ahora. Y luego, cada día, dé otro paso más para acercarse al Señor. Un paso a la vez. No deje que el diablo lo prepare para una caída, no le mienta acerca de lo que Dios requiere. Ore más y con un mejor enfoque y dirección, lea más su Palabra, hable más de su Palabra, comparte más su fe. Escuche grabaciones, mire videos y lea libros que le ayuden a mantener el fuego ardiendo. Mantenga su conciencia clara. Si sabe de algo que lo disgusta a los ojos de Dios, no lo haga. Sea sensible. Él entiende sus debilidades y le dará gracia suficiente. Pero no resistirá la dureza determinada y voluntaria. Doble sus rodillas delante del Señor y Él lo levantará. Su futuro puede ser tan brillante como las promesas de Dios. ¡Es tiempo de volver a encender la llama!

Por Michael Brown, presidente de la escuela de Ministerio del Avivamiento de Brownsville.
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